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¿Qué está pasando en Egipto?

Olga Rodríguez ׀ eldiario.es

  • La plaza Tahrir se llena para desafiar al presidente egipcio
  • Enfrentamientos en la ciudad industrial de Mahalla, bastión del movimiento obrero
  • La fuerza de la calle no se conforma con la ecuación simplista que obliga a elegir entre Hermanos o elementos del antiguo régimen

Que el tejido social de protesta en Egipto está vivo llevamos comprobándolo casi dos años. Esta semana es una buena prueba de ello. Decenas de miles de personas han tomado las calles en ciudades como El Cairo, Alejandría, Suez, Port Said o Aswan, para mostrar su rechazo al presidente Mohamed Morsi, que tan solo lleva cinco meses en el poder.

Todo empezó hace unos días. Varios grupos de jóvenes se congregaron en la calle Mohamed Mahmoud de El Cairo -una de las vías que desembocan en la plaza Tahrir- para conmemorar el primer aniversario de la muerte de decenas de manifestantes que hace un año perdieron la vida a manos de las fuerzas de seguridad egipcias, entonces bajo el mando del gobierno en transición dominado por el Consejo Superior de las Fuerzas Armadas. Los responsables de aquellas muertes siguen en libertad.

Los manifestantes colgaron a la entrada de la calle un cartel que se ha mantenido hasta hoy. En él se lee: ’Prohibida la entrada a los Hermanos Musulmanes’.

Hubo enfrentamientos entre manifestantes y policía, que de nuevo usó de gases lacrimógenos en un intento por disolver las protestas, y la tensión creció. La brutalidad de las fuerzas de seguridad quedó en evidencia en vídeos como este:

Mientras tanto, el presidente egipcio Mohamed Morsi, ultimaba como mediador las negociaciones para frenar la ofensiva israelí contra Gaza.

No es casualidad que justo un día después del anuncio del alto el fuego en la Franja, Morsi anunciara una mayor concentración de poderes, situándose por encima de la ley y de todas las instituciones del Estado. A través de la firma de cuatro decretos, estableció que ninguna de sus decisiones o leyes podrían ser revocados por ninguna institución, ni siquiera por el poder judicial.

El momento era perfecto. El presidente egipcio acababa de erigirse como actor influyente en la región: Había actuado como interlocutor de Hamás y de Estados Unidos y como anfitrión en la reunión entre Qatar, Turquía y Hamás. Los propios Barack Obama y Hillary Clinton le habían felicitado públicamente por su labor como mediador en las negociaciones por el alto el fuego en Gaza.

Con su decretazo, Morsi blindaba la Asamblea Constituyente, encargada de redactar la futura Carta Magna, dominada por las corrientes islamistas y amenazada por dos demandas que estudia el Tribunal Constitucional. El columnista Fahmy Huwaydi, uno de los más leídos en el mundo árabe, decía este martes que lo que motivó a Morsi a impulsar esta medida fueron las amenazas de un golpe ’legal’ contra su gobierno.

Es probable que el presidente egipcio tratara de evitar otro movimiento de la Corte Suprema Constitucional, que el pasado mes de junio, tan solo dos días antes de las elecciones presidenciales, disolvió el Parlamento dominado por los islamistas, en un gesto favorable al Consejo militar Supremo. Ante la amenaza de un movimiento similar contra la Asamblea que redacta la Constitución, Morsi optó por el golpe encima de la mesa.

Al margen de las razones del presidente para justificar su deriva autoritaria, lo cierto es que la calle habló de nuevo. En los días pasados se registraron manfiestaciones en contra de Morsi en varias ciudades del país. En ellas falleció un menor de edad, con varias heridas de bala provocadas por las fuerzas de seguridad.

Su padre llamó a las protestas contra Morsi en este vídeo que ha circulado ampliamente por la Red.

En otro incidente, falleció un joven seguidor de los Hermanos Musulmanes.

Los jueces, contra Morsi

Al mismo tiempo, los sindicatos de jueces y de periodistas anunciaron huelgas en todo el país en contra del ’decretazo’. El Club de Jueces -la agrupación más importante de magistrados- fue especialmente beligerante contra el presidente egipcio. Cuando un asesor de este anunció que suavizarían lo anunciado, la agrupación judicial insistió en que la concentración de poder del presidente seguía siendo inaceptable.

En el año 2005 el Club de Jueces ya puso en dificultades al entonces presidente Hosni Mubarak, y de hecho aquellas protestas marcaron un capítulo importante en el crecimiento de los movimientos sociales contrarios al régimen.

Y finalmente, Tahrir….

Después de días de manifestaciones, este martes Tahrir se llenó de nuevo, al grito de ’la gente quiere la caída del régimen’ y ’Morsi ilegítimo’. Algunos de los activistas más destacados de las revueltas de 2011 no podían evitar cierta emoción.

“Otra cosa increíble es que ya no hay espacio en Tahrir y las marchas todavía no han llegado! Morsi, Egipto es demasiado grande para ti”, escribía la activista Gigi Ibrahim en Twitter.

’Con cada marcha que llega, Tahrir se viene arriba con pitidos y júbilos’, celebraba el pintor Ahmed El Massry.

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Desde las redes sociales, la Hermandad Musulmana ha restado importancia a las manifestaciones, asegurando que eran minoritarias y con una baja participación, lo que ha causado indignación entre los manifestantes.

’El tono de los Hermanos hoy me recuerda al a televisión estatal egipcia el 25 de enero de 2011’, se lamentaba una internauta, Noha Mahmoud Ali.

En las calles adyacentes a Tahrir hubo enfrentamientos con la policía. Un hombre falleció como consecuencia de la exposición a los gases lacrimógenos empleados por las fuerzas de seguridad.

Mahalla

Las protestas se han extendido a varias ciudades del país, entre ellas, Mahalla el Kubra, histórico bastión del movimiento obrero, donde en 2006 tres mil mujeres trabajadoras de una fábrica textil, al grito de ‘ aquí estamos las mujeres, ¿dónde están las hombres?’, dieron el pistoletazo de salida a una oleada de huelgas que fueron el prólogo de las revueltas de 2011.

En las últimas horas en Mahalla se han registrado duros enfrentamientos entre partidarios y detractores de la Hermandad musulmana, con el resultado de 300 de heridos. Tanto en Mahalla como en otras ciudades se han producido ataques a sedes de la organización islámica.

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Las ’ayudas’

El aumento de la tensión puede erosionar la imagen de Morsi e incluso hacer peligrar las negociaciones que su gobierno mantiene con el Fondo Monetario Internacional, con el que está a punto de cerrar un préstamo de 4.800 millones de dólares, al que se oponen los movimientos sociales de Tahrir.

La Unión Europea ya ha advertido que podría recortar sus ’ayudas’ a Egipto si Morsi mantiene vigente el decretazo.

No es ningún secreto que los Hermanos Musulmanes y el propio Morsi son conservadores en lo político y neoliberales en lo económico. Aunque la Hermandad Musulmana criticó durante años el intervencionismo occidental en la región, ahora el sector gobernante da la bienvenida a las ayudas ofrecidas por los organismos financieros internacionales.

Este pragmatismo ha decepcionado a algunos votantes de la Hermandad, pero sin duda satisface a actores internacionales como Estados Unidos, siempre dispuestos a cuidar las ventajas de la inversión extranjera en el país árabe.

La polarización

El rápido desgaste de Morsi lo están aprovechando sectores cercanos al antiguo régimen de Hosni Mubarak y personalidades como el ex presidente de la Liga Árabe y ex candidato presidencial Amr Musa, quienes ven en esta coyuntura una oportunidad para ganar influencia.

’El problema es que hay gente cercana al antiguo régimen que quiere adueñarse de la situación, y que hay gente de Tahrir dispuesta de repente a tender la mano a personas como Amr Musa, que fue ministro con Mubarak!’, advierte el periodista y activista egipcio Hossam El Hamalawy.

Una vez más Egipto corre el riesgo de verse dividido en una ecuación simplista entre los islamistas y los ’feloul’, término que se usa para hacer referencia a los integrantes del antiguo régimen o a aquellos cercanos a él, y que están intentando capitalizar las protestas.

La polarización está servida. ’La polarización es inevitable en cualquier revolución. La pregunta es en torno a qué líneas se produce esta polarización’, afirma El Hamalawy.

En medio de todo, hay agrupaciones sociales y activistas muy destacados de las revueltas de 2011, decepcionados con ambos bandos e indignados por que los ’feloul’ estén intentando apropiarse de las manifestaciones. La fuerza de la calle no está dispuesta a aceptar los discursos que presentan a uno u otro bando como males menores y necesarios.

La credibilidad de la Hermandad

La Hermandad Musulmana ya ha sufrido varias escisiones, producto de sus divisiones internas y de las tensiones existentes entre los jóvenes y las clases dirigentes. A medida que el tiempo avance y muestre que las demandas de las revueltas no figuran en el programa de la organización islámica, los Hermanos Musulmanes pueden verse expuestos a una crisis de credibilidad entre la sociedad egipcia.

Que su popularidad no es de hierro, lo prueban los resultados de las elecciones. En los comicios legislativos iniciados en noviembre de 2011, la Hermandad obtuvo el 37,5% de los apoyos, unos 11 millones de votos. En la primera ronda de las elecciones presidenciales de junio de 2012 el candidato de los Hermanos, Mohamed Morsi, solo obtuvo el 24,7% de los apoyos, algo más de 5 millones de votos.

Por el momento, las exigencia de la llamada revolución egipcia – ’pan, libertad y justicia social’- siguen sin cumplirse. Y en las redes sociales algunos ya sugieren que Egipto sigue bajo el yugo de un régimen autoritario. El chiste amargo que circula estos días lo resume así: Nombre: Mohamed Morsi. Profesión: Hosni Mubarak.

Los egipcios plantan cara a Mursi y le recuerdan: “La revolución continúa”

Público.es

El espíritu de la revolución egipcia se ha vuelto a adueñar de la plaza cairota de Tahrir. Los partidos laicos de la oposición al presidente Mohamed Mursi organizaron una manifestación contra el decretazo del mandatario a la que han respondido decenas de miles de personas.

En la protesta se han producido enfrentamientos entre la Policía y los manifestantes que se han saldado con la muerte de un joven de 28 años al sufrir complicaciones respiratorias tras inhalar gases lacrimógenos lanzados por las fuerzas de seguridad. El manifestante fue trasladado a un hospital cercano para recibir tratamiento médico, pero los facultativos no pudieron hacer nada para salvar su vida.

Los choques entre manifestantes y fuerzas de seguridad se desarrollan desde hace días en la plaza Simón Bolivar, próxima a Tahrir. En esta jornada de protestas se registró un segundo fallecido, un miembro de la izquierdista Corriente Popular Egipcia -liderada por el excandidato presidencial Hamdin Sabahi-, que sufrió un infarto durante la marcha.

Pese a los citados enfrentamientos, el ambiente en Tahrir se mantuvo pacífico aunque reivindicativo, con una gran multitud pidiendo que Mursi rectifique y retire su controvertida acta constitucional. El pasado jueves, el presidente declaró que todas sus decisiones son definitivas e inapelables ante la Justicia hasta la entrada en vigor de una nueva Constitución y que las actuales Cámara alta del Parlamento y Asamblea Constituyente son indisolubles.

La protesta de hoy, convocada por partidos de izquierda, liberales y otros grupos, marca un paso más en la peor crisis a la que se enfrenta el político de los Hermanos Musulmanes desde que fue elegido el pasado mes de junio y expone una brecha entre los islamistas, ahora en el poder, y sus rivales. Algunos manifestantes han acampado desde el viernes en la plaza, donde destaca una pancarta que reza “Egipto para todos los egipcios”. Además, se han producido hechos violentos en todo el país, incluida una localidad al norte de El Cairo en la que un joven de los Hermanos Musulmanes murió en enfrentamientos el domingo. Además, cientos de personas han resultado heridas.

Los congregados en Tahrir han coreado con una sola voz que “la revolución continúa” y que “el pueblo quiere la caída del régimen”, en un nuevo paso en sus demandas contra lo que consideran la “dictadura” de Mursi y de los Hermanos Musulmanes. “Mursi es mucho más peligroso que (el expresidente Hosni) Mubarak. Solo piensa en los Hermanos Musulmanes, que buscan controlar todo”, declaró a la agencia Efe Ihab Yusef, empleado en un banco.

Este sentimiento era mayoritario en Tahrir,  donde los manifestantes criticaron no solo la citada declaración constitucional, que ha sido la gota que ha colmado el vaso de su paciencia, sino el dominio de las fuerzas islamistas en la asamblea que redacta la nueva Constitución. Tahrir volvió a ser el punto en el que confluyen todos los caminos, con marchas provenientes de varias mezquitas de El Cairo en las que participaron personalidades como el Premio Nobel de la Paz Mohamed el Baradei, el excandidato presidencial Hamdin Sabahi y el conocido escritor Alaa el Aswany.

La división de la sociedad egipcia, palpable desde la llegada al poder de Mursi, se ha hecho aún más evidente desde el acta constitucional. Para apoyar estas decisiones, los Hermanos Musulmanes habían convocado para esta jornada otra manifestación cerca de la Universidad de El Cairo, que ayer decidieron cancelar para evitar disturbios con los opositores al presidente. Aunque se retiraron de El Cairo, los islamistas hicieron una demostración de fuerza en la ciudad septentrional de Alejandría, uno de sus bastiones.

Al margen de la plaza, pero con un ojo en la misma, los miembros del Consejo Superior de Justicia, críticos con las decisiones de Mursi, mantuvieron hoy una reunión de más de siete horas en la que participó el nuevo fiscal general, Talat Ibrahim, en el cargo gracias al decreto presidencial. El acta constitucional no solo ha calentado la calle y unido a los liberales, sino que ha reforzado el pulso entre el poder judicial y el jefe de Estado, que no parece dispuesto a que los magistrados se interpongan en su camino.

“La revolución llega cuando menos se la espera”

Enric Llopis | Rebelión

“La revolución llega cuando menos se la espera. La puntualidad no es su fuerte”, afirmaba el filósofo y dirigente trotskista, Daniel Bensaïd. La activista e investigadora en movimientos sociales y políticas agroalimentarias, Esther Vivas, retoma estas palabras como antídoto frente al derrotismo, en un presente marcado por la crisis, los planes de austeridad y los recortes. “El 14 de mayo de 2011 nadie hubiera dicho que al día siguiente se ocuparían las plazas y comenzarían, de manera inesperada, actos de desobediencia civil en todo el Estado. Nadie hubiera vaticinado el nacimiento del 15-M”, asegura.

Invitada por la plataforma Auditoria Ciutadana del Deute del País Valencià, Esther Vivas ha presentado en Valencia el libro Planeta indignado. Ocupando el futuro (Ed. Sequitur), que la activista ha escrito en colaboración con Josep Maria Antentas. Durante su intervención, Vivas ha repasado las causas del surgimiento del 15-M, sus logros y principales retos, coincidiendo con el primer aniversario del movimiento de los indignados.

¿Por qué eclosiona el 15-M? ¿Por qué mucha gente que nunca se había movilizado o permanecía en su casa, víctima del desencanto, decide salir a la calle? En primer lugar, a juicio de Esther Vivas, por la gran crisis económica y social del sistema capitalista en la que estamos inmersos. “La indignación aumenta a medida que el 99% de la población se empobrece y paga los platos rotos de una crisis que no ha generado. La gente dice basta y quiere opinar. No entiende, por ejemplo, que los sueldos de los directivos de las empresas del IBEX 35 sean 90 veces superiores a los del asalariado medio. O un incremento del 9% del valor de los grandes patrimonios (en 2010 respecto al año anterior). O que Telefónica anunciara en 2010 un recorte del 20% de la plantilla mientras declaraba beneficios un 20% superiores a los del año anterior. Estas noticias actuaron como motor de la indignación popular en mayo de 2011”.

Además, en un contexto de protesta global y de luchas internacionalistas (la Primavera Árabe, sobre todo en Túnez y Egipto, o el referéndum en Islandia por el que el pueblo se niega a asumir la deuda con los bancos británicos y holandeses) se empieza a romper con la resignación. “Pensar que podemos cambiar las cosas es el primer paso para efectivamente cambiarlas. Es ésta una de las grandes aportaciones del 15-M”, subraya Vivas. Un año después, agrega la activista, “en el Estado español los ciudadanos estamos pagando el rescate de la banca. Es éste otro elemento que aviva la protesta. Porque nosotros no vamos a ver ni un euro de los 100.000 millones destinados a reflotar los bancos españoles”.

Un año después de que el 15-M eclosionara en las plazas, se convocaron manifestaciones en todo el Estado que demostraron que el movimiento continuaba con buena salud, sólo que se había retirado a los barrios y pueblos para desarrollar un trabajo más sectorial. A la hora del balance, Vivas resalta que el “gran triunfo del movimiento es sobre todo simbólico, es decir, extender la indignación en el imaginario colectivo”; pero además se han conseguido pequeñas victorias de carácter “defensivo”, como el freno de los desahucios de personas que no pueden afrontar sus hipotecas.

Más aún, “el 15-M ha impulsado el interés de los de abajo por reapropiarse de la política, hoy en manos de los políticos profesionales que copan las instituciones”, opina la activista. Este punto, que hoy resulta muy evidente, “no lo era tanto antes del 15-M”. Consignas como “no somos una mercancía en manos de políticos y banqueros” o la denuncia del mecanismo de “puertas giratorias” (trasvase continuo de políticos a la gran empresa privada y de ejecutivos a las instituciones) son aportaciones de los indignados.

También el 15-M ha sido capaz de construir un discurso contrahegemónico y alternativo al oficial, subraya la coautora de Planeta indignado. Al lapidario “Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” repetido por políticos y tertulianos, el 15-M responde que “nos han robado por encima de nuestras posibilidades” y que esto “no es una crisis, es una estafa”. Es decir, “señalan que la crisis tiene culpables –las elites políticas y económicas, el 1%- y que nosotros –el 99% de la población- sufrimos las consecuencias”. Además, el movimiento ha conseguido aumentar el listón de la protesta y de las demandas populares.

Porque, según Esther Vivas, “hay prácticas ilegales que resultan totalmente legítimas, y otras de ilegítimas pero que se consideran ajustadas a la ley”. Así, la opinión pública apoya en las encuestas la ocupación de edificios para alojar a personas desahuciadas, cuando anteriormente estas acciones se criminalizaban. “Si preguntáramos a la gente por la nacionalización de la banca o el impago de las deudas contraídas por una minoría, muchos estarían de acuerdo”, opina Vivas. Las diferentes encuestas sobre apoyo popular a las demandas del 15-M oscilan entre el 80% (cuando irrumpió el movimiento, según el estudio de El País) y el 70% actual.

La activista e investigadora pone el énfasis en que hoy “se ocupan plazas, se resiste a los desalojos y cada vez más gente ve positiva la desobediencia civil”. Pero esto implica también correr mayores riesgos. Porque el gobierno plantea endurecer el código penal para castigar los actos de desobediencia civil. “Cada vez irá a más la represión y la criminalización de la protesta”, augura Esther Vivas. “En junio de 2011 el conseller de Interior, Felip Puig, nos tildó de perroflautas para distanciarnos de la opinión pública, pero no lo consiguió. Cuando las personas mayores promovían encierros y ocupaban ambulatorios ponían de manifiesto la pluralidad del movimiento. ¿Eran también ellos perroflautas?”.

Pero insistieron. Vivas recuerda cómo se dijo que Barcelona se erigió en “el centro del radicalismo europeo, en un eje que atravesaba Atenas e Italia; pero en las protestas del 12 de mayo de 2012 se comprobó que quien realmente ejercía la violencia eran los cuerpos policiales”. “Desde la huelga general del 29 de marzo se ha producido una gran escalada represiva: 113 personas han resultado detenidas en Cataluña. Cuatro personas fueron apresadas en Sabadell hace una semana por participar en piquetes. La secretaria de organización de la CGT en Barcelona, Laura Gómez, también fue detenida por participar el día de la huelg en una performance junto al edificio de la bolsa”.

“Hay, además, casos de imputados por ocupación de edificios, las multas exorbitantes a los estudiantes del Lluís Vives en Valencia; jóvenes que han perdido el ojo por el impacto de las pelotas de goma en Barcelona, politraumatismos como resultado de las cargas el 29M. Esto sí es violencia”, afirma Esther Vivas. Según la investigadora y activista, “los procesos de criminalización y represión irán en aumento. Pretenden aplicar los recortes por las buenas o por las malas, con detenciones, multas y detenciones”. El objetivo resulta evidente: “Generar miedo en la gente”.

En cuanto a los principales retos del 15-M, Esther Vivas ha reconocido que la indignación ha crecido en las calles pero, mientras, las políticas de recortes se han multiplicado. Pero no hay que desesperar. Vivas recuerda la reflexión de Daniel Bensaïd sobre los ritmos y plazos en las luchas sociales: “Para cambiar las cosas hace falta una lenta impaciencia”. “La crisis es de larga duración y, por tanto, la resistencia debe ser también de largo recorrido. Los tiempos no siempre son iguales: se aceleran, se comprimen o se abren nuevas oportunidades. Por ejemplo, los meses de mayo y junio de 2011 fueron de gran intensidad, a lo mejor equivalían a años de lucha”, explica Vivas.

La irrupción del 15-M ha supuesto una cuña en la barrera del miedo y ha llevado la indignación a la calle. Uno de los grandes retos, ahora, es trasladar la protesta a las empresas, “a la sala de máquinas del capital”, en palabras de Esther Vivas. Para ello, “hay que tender puentes entre el movimiento del 15-M y el sindicalismo radical y combativo”. Otra de las urgencias consiste en “potenciar la vertiente ecologista”. Lo que no significa, en absoluto, abandonar las cuestiones económicas –recortes, desahucios, entre otras- en las que permanece volcado el 15-M. “Debe potenciarse el ecologismo radical y consecuente frente a la lógica productivista del sistema. No hay que olvidar que esta vertiente ecológica es la que distingue la actual crisis de la de los años 1929 o 1973”.

Por último, recuerda Esther Vivas, la agenda indignada ha de incluir la perspectiva feminista. Porque los recortes en sanidad, educación o en la ley de dependencia afectan singularmente a las mujeres. Y porque los contratos a tiempo parcial en el Estado español afectan en un 80% a la población femenina. Además, a igual trabajo en la misma empresa, las mujeres cobran un salario inferior en un 22% al de los trabajadores. Esther Vivas ha puesto como ejemplo el trabajo desarrollado por las comisiones feministas del 15-M en Madrid y Barcelona.

¿Qué ocurrirá dentro de un año? Posiblemente haya que mirar a Grecia para saberlo. Según la autora de Planeta indignado, “el país heleno se ha convertido en un laboratorio para el capitalismo neoliberal, pues allí está ensayando sus recortes de la manera más severa; pero también en Grecia se han convocado más de 20 huelgas generales. Es, por lo tanto, un laboratorio de las resistencias. Si finalmente vencen la Troika y los “hombres de negro” y se impone el memorándum, ocurrirá seguramente lo mismo en la periferia europea”.

Ahora bien, “teníamos miedo pero estamos empezando a perderlo. El miedo empieza a cambiar de bando, como lo prueba la creciente represión por parte del sistema, que es en si misma una muestra de debilidad del mismo, de dificultad para controlar la situación. Porque cuando los de abajo se abajo se mueven, los de arriba se tambalean”, subraya Esther Vivas.Quien además alerta: “la crisis puede tener una salida de izquierdas y progresista, o reaccionaria y xenófoba. Grecia es también en este sentido un buen laboratorio. Lo hemos visto con el crecimiento de Aurora Dorada. Plataforma Per Catalunya también ha aumentado su presencia con la crisis”, concluye la activista.